MUJERES EN LIBERTAD COLECTIVA

Redacción

La mayoría de las mujeres han gastado gran parte de su energía al servicio del patriarcado, lo que ha provocado no valorarse las unas a las otras.

Deborah Feldman, lanza un nuevo sello editorial Lumen con su libro Unorthodox, donde asegura que las mujeres han llegado a una especia de libertad colectiva, la de contar sus historias sin obstáculo alguno.

El libro relata la vida de la autora dentro de Satamar, una comunidad jasídica ultraortodoxa que surgió tras la Segunda Guerra Mundial y se sentó en un gueto de Nueva York. Durante la presentación de su libro, destacó que su escritura representó la posibilidad de abandonar todo lo que hasta ese momento le había sido impuesto y que no podía rechazar por ser mujer.

“Empecé a escribir Unorthodox antes de abandonar mi comunidad, es decir, con muchísima presión por saber que era mi puerta de libertad, que era lo único que nos podía ayudar a mi hijo y a mí. Por ello, durante mi escritura no tuve tiempo de reflexionar ni de convertirme en una escritora”.

La autora explicó que para los hombres, irse de su comunidad es una decisión propia donde se involucra un proceso intelectual y que no está mal visto; pero cuando una mujer lo hace, parece que atenta directamente contra ellos pues ponen en peligro el crecimiento de la comunidad, ya que de ellas dependen tareas prácticas como cocinar y planchar.

La historia ya traducida al español por Lumen y adaptada a la serie de Netflix, comenzó a contarse desde el 2012, cuando a sus 26 años, Feldman la publicó para que la gente conociera su caso, hablara de ello y, así, poder ganar su libertad y la custodia de su hijo ante una comunidad que la llegó a señalar como Hitler.

“Mi comunidad no había tenido que verse en esta situación, trataron de desacreditarme diciendo ‘sus padres están locos’, pero absolutamente nadie dijo ‘es una mentira’ porque es cierto que a las mujeres se les considera impuras durante su menstruación, así como que tenemos que tomar un baño ritualístico antes de acostarnos con nuestros esposos”.

Destacó que todas las tradiciones con las que creció vienen de una comunidad que se han victimizado desde la segunda guerra mundial. “Hay poco resentimiento, pero mucho dolor, así como sentimiento de pérdida”.

“El cuerpo de una mujer es propiedad pública y ella no puede decidir sobre su intimidad, placer o cuerpo” comentó.

Escribir sobre la comunidad, así como de la relación que las mujeres mantienen con su cuerpo es algo nuevo, osado y ofensivo.

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